miércoles, 6 de febrero de 2008

Los días sin pinzas de mi vida. Las cejas largas y acolochadas. La irónica noticia de encontrar através del vidrio de un cajero bancario unas extraviadas, pero delatadoras: no eran las mías. Cómo pedirlas sin mentir? Cómo meter la mano por la ventanita y jugar a que no se extravían las cosas, y que si fuera así, la travesía cotidiana te las devuelve?
Pero no.

Los padres se van, se vuelven a ir. La plata se va y vuelve de alguna otra manera -cargada de sudor, y horas desperdigadas en Cuatro estaciones de Niñas; los años se van, y yo
cargando un cansancio de más; el hambre se va, también el sueño, también el temor, y las tragedias, y las ganas de seguir dependiendo de la gente, de cierta gente que valora lo que le parece de valor.
Por mientras, que alguien me preste unas pinzas por favor...

1 comentario:

Anónimo dijo...

te leo y te veo;aunque no puedo ver:
¿si 4-1 estres; cual es el tuyo? 2+1
...0 5-2; talves solo tu lo "vezzz".
Tanates de "YY" poco o nada tienen de natural, menos unas lindas cejas largas y acolochadas...¡disfrutalas!