
10:48pm y yo comiendo un placebo chocolate para alargar la dulzura de haberte vivido. Mis 23 minutos con 10 kilometros de pijeadés intensa, de sonrisa monga, de recorrido obligado de vuelta a casa.
Es cierto, amo mis propios espacios, mi privacidad e independencia pero de vez en cuando y cotidianamente es más que bello compartir almohadas.
Y es que sin planeado esfuerzo logramos cada encuentro un ideal real de discusiones, movilizaciones, pasión y ternura.
Semanas tan pegas necesitaban un poco de conflicto (sí! mantengo mi hipótesis!). Una llamada, tu paso rápido, el conflicto que delatan tus respuestas fisiológicas. Yo tratando de escucharte en un banquito que me queda grande: el de tan solo ser tu amiga. Nuevamente nos gana la sinceridad para hablar, nuestro anhelo de no negar, de vivir hasta eruptos, pelos, y risas de chancho.
Vos hablando mientras yo escucho en mi bosque mágico mis ganas de no echar raíz, de no ser el Principito domesticado... Pero el amor le gana al miedo. No sé si te metiste vos o si salí yo, pero la melodía de mis sueños danzó luego en un conjunto de piel. Jugar como desquiciados niños -sin importar lo deforme de la cara al reir a carcajadas-, inventar voces en el cuello, llaves orientales que me retengan por una canción, guerras de risas que se tornan en batallas de besos y caricias.
El revoltijo de un arroz con pollo y molidos frijoles despide en un reloj de horas apuradas detenidas por nosotros.
Y en un carro sucio y empolvado, sigo soñando con un placebo Moreatzo.
Es cierto, amo mis propios espacios, mi privacidad e independencia pero de vez en cuando y cotidianamente es más que bello compartir almohadas.
Y es que sin planeado esfuerzo logramos cada encuentro un ideal real de discusiones, movilizaciones, pasión y ternura.
Semanas tan pegas necesitaban un poco de conflicto (sí! mantengo mi hipótesis!). Una llamada, tu paso rápido, el conflicto que delatan tus respuestas fisiológicas. Yo tratando de escucharte en un banquito que me queda grande: el de tan solo ser tu amiga. Nuevamente nos gana la sinceridad para hablar, nuestro anhelo de no negar, de vivir hasta eruptos, pelos, y risas de chancho.
Vos hablando mientras yo escucho en mi bosque mágico mis ganas de no echar raíz, de no ser el Principito domesticado... Pero el amor le gana al miedo. No sé si te metiste vos o si salí yo, pero la melodía de mis sueños danzó luego en un conjunto de piel. Jugar como desquiciados niños -sin importar lo deforme de la cara al reir a carcajadas-, inventar voces en el cuello, llaves orientales que me retengan por una canción, guerras de risas que se tornan en batallas de besos y caricias.
El revoltijo de un arroz con pollo y molidos frijoles despide en un reloj de horas apuradas detenidas por nosotros.
Y en un carro sucio y empolvado, sigo soñando con un placebo Moreatzo.
1 comentario:
jajaaj la vida de los locos que se aman en una puta ciudad!!! Dar es dar y darse.
Publicar un comentario